Si resulta que comes cuando estás sensible y no necesariamente
hambrienta, lee estos consejos que te ayudarán a dominar tus malos
hábitos.
Lleva un diario de comidas
Empieza anotando las veces en las que comes por lo que sientes y
no por hambre. Anota lo que sientes y, luego, la manera en la que
podrías enfrentarte a esos sentimientos en vez de comer… ¡puede que
te sorprendas! ¿Puedes hablar con otras
personas que se sientan como tú? Puedes actualizar el diario de
comidas en tu Plan Personalizado
Special K a lo largo del día.
Date un capricho
Si es frecuente que te des un capricho de comida, haz una lista
de posibles caprichos y regalos que puedes disfrutar y que no
supongan comer y beber. ¿Por qué no te das un agradable paseo un
día soleado o te das el capricho de un masaje o un tratamiento
facial, te compras un nuevo esmalte de uñas o una barra de labios o
pasas una hora del "tiempo que te reservas para ti" leyendo tu
revista favorita?
¿Te aburres?
Fíjate en cuándo y dónde te tomas un snack. ¿Qué puedes hacer en
vez de comer? ¿Podrías empezar a practicar una nueva actividad o
ejercicio en vez de ver la televisión todas las noches? ¿Podrías
hablar con tu jefe acerca de un nuevo desafío en el trabajo? Hay
cientos de cosas que podrías hacer para que tu vida fuera más
interesante y tu Plan
Personalizado incluya algunas estupendas ideas. Sólo se trata
de ver lo que funciona para ti.
Prueba algo nuevo
Los sentimientos que experimentas al irse tus hijos de casa
pueden ser muy intensos y puede que te encuentres comiendo para
consolarte, aunque antes nunca lo habías hecho. Habla de tus
sentimientos y trata de cultivar nuevos intereses que te hagan
sentir realizada.
Encuentra otras formas de relajarte
Escucha música, respira más despacio, aprende a decir no (en el
trabajo o en casa) o trata de hablar de un problema con tu pareja,
un amigo, un compañero de trabajo u otra madre. Esto puede hacer
que des con la solución más fácilmente que si te enfrentas tú sola
al problema.